Aire

AireAire… fluye y refluye a través de mis pulmones. Por costumbre pasa inadvertido pero aun así, es lo primero que siento al arriar mis sueños. Antes de que los sonidos y la luz se tornen reales, me traés la amada compañía con el perfume de las gardenias. Te inspiro con fuerza al sentir el shock del agua fría y me preparo para los sinsabores del día con ese diario mentol.

Aire, lleno de gula me traes el olor de las tostadas recién hechas, del café y de las naranjas. Parto animoso y trato de ignorar con vergüenza las trazas de humo, esa peste ubicua de alguna basura y los otros mil olores humanos. Mi cerebro, en selección automática, te percibe aquí y allí en algunos jardines y plazas. También en esos ramalazos de aromas provocativos que dejan a su paso algunas mujeres que se cruzan en mi camino.

Aire de plástico, me recibís con el pino o la lavanda de los aromatizantes de ambiente, me irrita el lustra muebles y el café descafeinado que ya se pasó. Ni siquiera el polvo flotando han dejado. Le ponen una pinza a mi nariz y hasta el almuerzo vivo en un mundo artificial de solo cuatro sentidos.

Aire: otra vez distinto, me ofrecés decenas de platos, conocidos o extraños, mi apetito es tal que no hace reparos. Si bien ya me agobian, me alegra recuperar la libertad de mi olfato. Remonto el resto de la jornada, parece más tranquila. Alguien abrió una ventana, otra se pintó las uñas y quizás se perfumó. Aunque apruebo el que esté prohibido, complaciente por la hora, me sonrío ante ese sutil resto del humo de un cigarrillo. Instantáneamente me encuentro fumando en el baño del colegio, al terminar la secundaria, escondidos vivíamos esa pequeña aventura como un rito iniciático más de nuestra hombría.

Aire… aunque estuviera jugando a la gallina ciega sabría con certeza que estoy en casa. Otra vez las gardenias en su cuello y el beso sobre mis labios. Sediento salgo al jardín y te aprovecho como vehículo y como guía. Veleidoso con tu brisa loca me hacés recorrer sin moverme cada flor y cada arbusto aromático. Me llenás de sensaciones con el pasto recién cortado y esa rosa abierta junto a mí. Luego, la comida propia, que reconozco a través de los años, tan igual y sin embargo, siempre distinta. En mi imaginación, ansioso desato el lazo, rompo el papel que la esconde como regalo y con sorpresa ya anhelo su sabor.

Aire de estrellas sobre la terraza, la luna te torna más frío y melancólico. La noche oculta y aplaca tus olores. Plácido, lleno de tiempo ahora, con insistencia, los busco y me bastan los pocos que encuentro. De nuevo el agua y el mentol, más tarde disfruto el papel y la tinta de un libro. Cómoda y familiar la gardenia a mi lado. Por fin te suspiro cansado y apago la luz.

Aire ¿También estás allí? Espérame, ya te persigo. Quiero olerte todavía durante mis sueños.

Carlos Caro

Paraná, 24 de marzo de 2014

Descargar: http://cort.as/DEYG
Licencia de Creative Commons
Aire by Carlos Caro is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-SinObraDerivada 4.0 Internacional License. Creado a partir de la obra en http://carloscaroprueba.megustaescribir.com/.

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