Sueños extraños

Soy un gato que expongo mi claro vientre a la borrachera del sol. Veo mis párpados rosados por traslucir su fuerza. Si los abro apenas, se cuela su fulgor y me ciega de inmediato. Repito una y otra vez este juego como probando mi poder. Siento que mi cuerpo ya arde, cuando me entibia la brisa. He escalado hasta la azotea para que el clásico desdén que me endilgan sea tranquilidad ¿Por qué no? En esta ceguera feliz, puedo ser quienquiera o estar donde sea.

El césped me cosquillea el cuello y eso basta para que me encuentre corriendo detrás de la pelota en la cancha de fútbol. Estoy solo frente al arco desguarnecido, ni Messi lo hubiera hecho mejor. Sin embargo, una sombra cruza mi camino; es ese enorme y mal nacido de Julián quien se ha lanzado como una locomotora barriendo el suelo con sus piernas. Me aterrorizo y salgo de su camino, perdiendo así la pelota ¡No es justo! No demuestra la menor habilidad solo fuerza bruta. Es tal mi furia por tan descarada falta, que lo olvido todo y ya camino tranquilo por las veredas.

Voy jugando una extraña rayuela saltando, sobre uno o ambos pies, entre algunas baldosas rotas. Se alarga y ansío coronarla al llegar a su cielo, que para mí es la morada de Violeta. Visito, entonces, los canteros de cada árbol y reúno un desparejo ramo de nomeolvides y otra flores chiquitas que no me acuerdo cómo se llaman. Me faltan unos pocos metros pero mi ánimo titubea; sobre los escalones que llevan a su casa está sentada esa chismosa de Juana. Con su tonito altanero le anuncia mi visita. Como dice mi papá: su desprecio y enojo deben ser síntoma de envidia ¿Por mí? Nunca me consideré nada especial.

La sonrisa de Violeta ilumina el zaguán y sus ojos hacen empalidecer los colores de las mayólicas que, exaltadas, brillan y luchan por su prestigio. Por supuesto, a mi lengua es como si le hubieran puesto un candado y sólo acierto con movimientos temblorosos a ofrecerle el pequeño ramo. Cuando lo toma entre sus manos, siento, engreído, que me mira enamorada. Pese a mi orgullo de galán, en un flash que adelanta el futuro veo que ella no será al fin mi sino.

La imaginación sigue girando y de nuevo tengo pelaje, con maniaca tozudez mi áspera lengua lo pone en orden. Haciendo gala de mi natural equilibrio, bordeo las medianeras y cruzo audaz los tapiales. Vigilo y espío indiscreto lo que ocurre en mi territorio, sin embargo, en la ciudad son tantos los territorios que hasta mi brújula flaquea

Otra vez acostado sobre algún césped una mariposa molesta investiga mi oreja. Mis párpados y la luz son los mismos, aunque no mi cuerpo ni mis sueños, que desaparecen como en una nube de humo. Suenan mis huesos y vacilan mis músculos al levantarme. “Los años no vienen solos”, refranéo resignado, pero no dejaré de soñar a mi antojo por esos pequeños detalles.

 

Carlos Caro

Paraná, 7 de octubre de 2014

Descargar XPS: http://cort.as/JKqZ

 

 

 
Licencia de Creative Commons
Sueños extraños by Carlos Caro is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-SinObraDerivada 4.0 Internacional License. Creado a partir de la obra en https://carloscaro6.wordpress.com/.

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